viernes, 30 de mayo de 2025

🎂¡Hoy cumplo 35!


Me dijeron que esta es “la edad de los locos”…

y ¿sabés qué? Que viva la locura.

Pero no una locura cualquiera:

una que nace de haber sobrevivido a tantas versiones de mí misma,

de haberme roto y reconstruido,

de haber caminado con miedo, pero sin detenerme.

De haber sido niña, hija, hermana, tía, maestra, amiga…

y, finalmente, haberme encontrado a mí.


Cumplo 35 con cicatrices que ya no me pesan,

con historias que antes callaba y ahora cuento con orgullo.

Con la certeza de que no vine a encajar,

vine a ser.


Soy la que ríe fuerte con los niños,

la que se emociona con una canción de Era o con una papilla de bebé.

La que pinta, la que sueña, la que escribe lo que siente,

la que ha amado, la que ha llorado,

y la que sigue aprendiendo a quererse…

sin condiciones.


A los 35 no me interesa gustarle a todos.

Me interesa gustarme a mí.

Y eso, amigas y amigos… es una revolución.


Así que sí, que me llamen loca.

Pero loca feliz, loca libre, loca real.


Feliz cumpleaños a mí.

miércoles, 28 de mayo de 2025

🏛️ Organizaciones oficiales y su número de razas de perros reconocidas

 1. FCI (Federación Cinológica Internacional) – Europa y gran parte del mundo

  • 🐕 Reconoce: Aproximadamente 359 razas oficiales

  • ✅ Clasifica las razas en 10 grupos (según función o morfología)

2. AKC (American Kennel Club) – Estados Unidos

  • 🐶 Reconoce: 201 razas (al 2025)

  • 🔍 Algunas razas que reconoce la FCI no están en la AKC y viceversa.

3. UKC (United Kennel Club) – Estados Unidos

  • 🐕‍🦺 Reconoce: Más de 300 razas

4. The Kennel Club – Reino Unido

  • 🐾 Reconoce: Más de 220 razas


🗂️ Clasificación FCI (resumen de los 10 grupos):

  1. Perros de pastor y boyeros (excepto suizos) – Ej: Border Collie, Pastor Alemán

  2. Perros tipo Pinscher y Schnauzer, Molosoides, tipo montaña suiza – Ej: Dobermann, San Bernardo

  3. Terriers – Ej: Jack Russell, Bull Terrier

  4. Teckels (Dachshunds) – Solo Dachshund en sus variantes

  5. Spitz y tipo primitivo – Ej: Husky, Akita, Basenji

  6. Perros sabuesos y de rastro – Ej: Beagle, Bloodhound

  7. Perros de muestra – Ej: Braco Alemán, Setter

  8. Perros cobradores, levantadores y de agua – Ej: Golden Retriever, Labrador

  9. Perros de compañía – Ej: Pomerania, Pug, Bichón

  10. Lebreles – Ej: Galgo Afgano, Whippet

https://www.fci.be/es/nomenclature/
https://www.akc.org/
https://www.ukcdogs.com/
https://www.thekennelclub.org.uk/

✨ "La intención es lo que cuenta"… ¿en serio?

 

Desde que tengo memoria, esa frase me ha molestado.
"La intención es lo que cuenta", dicen, como si con solo desear hacer algo ya fuera suficiente.
Pero para mí, no lo es, nunca lo ha sido.

Pensar en hacer algo no es hacerlo.
Querer ayudar y no hacerlo no cambia el hecho de que no ayudaste.
Tener buenas intenciones no borra el daño que causaste.
Y tampoco se puede premiar un gesto que nunca se concretó solo porque “hubo intención”.

Mi mente, como la de muchas personas autistas, entiende el mundo de forma directa, lógica, concreta.
Yo veo hechos, acciones y resultados.
Lo que haces, dices, lo que pasó, no lo que pensabas hacer, no lo que quisiste decir.
Porque eso vive solo adentro de tu cabeza y yo no puedo vivir en tu cabeza.

A veces, cuando alguien me dice que tenía la intención de ayudarme, pero al final no lo hizo…
yo no puedo simplemente decir gracias igual.
Porque la verdad es que no me ayudaste.
Y aunque no lo hayas hecho con maldad, el vacío sigue siendo vacío.

¿Eso me hace fría?
No.
Me hace honesta.

No es que no entienda que hay personas que quieren hacer el bien.
Pero yo no puedo valorar más lo que pensaste que lo que hiciste.
Porque en mi mundo, los actos valen más que las palabras.
Y el afecto se demuestra, no se promete.

Tal vez por eso me cuesta tanto algunas interacciones sociales.
Porque en este mundo parece que muchas veces se premia más la intención que la acción.
Y eso, simplemente, no tiene sentido para mí.

Para mí, la intención no basta.

martes, 27 de mayo de 2025

😂 Soy hiperempática, pero me río como una villana


Sí, soy esa.
La que llora viendo a un perrito abandonado.
La que carga culpas que no le tocan.
La que siente la tristeza ajena como si fuera suya.
La que se queda pensando en la cara que puso alguien cuando se sintió rechazado.

Hiperempática, sensible, emocional e intensa.
Esa soy yo.

Pero también soy la que se ríe con chistes oscuros, con humor negro, con cosas que parecen frías y crudas.
Y no, no es que no tenga corazón.
Es que lo tengo tan expuesto,
tan saturado,
tan al límite…
que a veces necesito un chiste afilado para respirar.

Mi risa no es burla.
Es escape.
Es válvula.
Es defensa.
Es mi forma de no romperme con tanto que siento.

Porque cuando todo te duele,
aprendés a reírte como podés.
Aunque parezca que no tenés alma.
Aunque otros no lo entiendan.

Mi humor es negro, sí.
Pero mi alma es roja, viva, y siente TODO.
Por eso, si alguna vez me escuchás reír de algo fuerte, no me juzgués.
Quizá esa risa es la única forma que tengo
de no llorar por dentro.

🌸Mi verdad me hizo libre, aunque no crea en milagros

 

Yo no creo en milagros.
Ni en mensajes divinos, ni en señales celestiales.
Pero sí creo en algo que tiene más poder que todo eso:
la verdad.

Durante años viví tratando de entender qué me pasaba.
Por qué me costaban cosas que a otros no.
Por qué mi cabeza iba tan rápido, o tan lento, o en una dirección distinta.
Por qué a veces parecía “demasiado” o “muy poco”.
Por qué me dolían cosas que nadie más notaba.

Viví años con culpa, con miedo, con frustración, intentando encajar en moldes donde no cabía.
Intentando fingir que estaba bien.
Cargando una ansiedad silenciosa.
Y una tristeza invisible.

Y entonces… supe la verdad:
soy autista.

No fue una revelación mágica.
No me lo dijo ningún dios.
Pero fue la verdad más sagrada de mi vida.

Porque cuando lo supe, algo dentro de mí se aflojó.
Se aflojó la culpa.
Se aflojó la autoexigencia.
Se aflojó la necesidad de fingir.

Y con eso, empecé a soltar.
Peso físico, peso emocional y peso mental.
La panza que se me inflamaba de estrés empezó a bajar.
La ansiedad constante se hizo más suave.
Y, por primera vez, sentí que estaba viviendo en mi propia piel.

No necesito creer en milagros.
Porque mi verdad me salvó.
Y hoy puedo decir que, aunque el mundo no sea empático,
yo ya no me debo explicaciones.
Me entiendo, me acepto y me abrazo.

Y eso, para mí…
vale más que cualquier cielo.

👞El día que no supe decir que los zapatos no me quedaban

Yo tenía 9 años. Iba a hacer la primera comunión y mi madrina me llevó a comprar zapatos. Recuerdo el color claro de la tienda, la luz blanca, el olor a zapatos nuevos. Me probé un par que me quedaban ajustados, que me incomodaban… pero no dije nada.

En mi cabeza, si decía que no me quedaban, tal vez mi madrina se enojaría, o no me compraría nada, o pensaría que era malagradecida. Así que dije que sí, que esos estaban bien, aunque no lo estuvieran.

Caminar con algo que no te queda es incómodo, duele, y lo más duro es que nadie se da cuenta. Así pasé mucho tiempo en la vida: con cosas que no me quedaban, con silencios que hablaban más que yo, con miedos que no sabía cómo explicar.

Hoy entiendo que eso también es parte del autismo. No es que no pudiera hablar, es que no sabía cómo hacerlo sin sentir que algo malo pasaría. No entendía cómo funcionaban las reglas sociales no dichas, las emociones de los demás, las mías propias. Yo creía que estar bien era no molestar.

Ahora sé que puedo decir que algo no me queda. Que tengo derecho a expresar lo que me incomoda, a decir que algo me duele o simplemente no me gusta. El autismo no se cura, pero yo he aprendido a acomodar mis ideas, a entender mejor cómo funciona la gente... y sobre todo, a entenderme mejor a mí.

Ese día con los zapatos fue uno de tantos. Pero hoy lo miro con ternura. Porque esa niña que fui, la que se quedó callada con los zapatos apretados, fue también la que me trajo hasta aquí.

jueves, 22 de mayo de 2025

🍌Banano pasado


Hoy me dio risa algo que pensé de repente.

¿Has visto las manchas que les salen a las personas cuando van envejeciendo? Esas que llaman “manchas de edad”. Bueno, me acordé de los bananos.


Sí, los bananos.

Cuando se van poniendo viejos, también se llenan de manchas.

Nos parecemos.

La diferencia es que el banano se pudre… y nosotros solo nos llenamos de historias.


Menos mal que nuestras manchitas no huelen.

¡Imaginate que además de parecer banano pasado, olamos como uno!

Qué terror. Sobre todo para alguien como yo, que ni siquiera le gustan los bananos.


Supongo que esas marcas son como señales del tiempo.

Manchas que dicen: “estuve mucho al sol”, “reí fuerte”, “lloré sin pena”, “viví”.

Y si al final de todo nos parecemos a un banano... que al menos sea uno de esos que todavía sirven para hacer pan.

O para que alguien diga: “¡Qué bien te ves, aunque tengas manchitas!”

Y yo responderé: “Gracias. Estoy en mi etapa banano pasado.”

☁ ¿Qué es la distimia?


La distimia es como una tristeza bajita que se sienta a vivir con uno. No duele tanto como una depresión fuerte, pero está ahí todos los días, haciendo que la vida se sienta más gris, más lenta, más pesada. No se va con dormir bien o con salir a caminar. A veces ni uno se da cuenta que la tiene, porque se acostumbra a sentirse así: cansado sin razón, apagado, sin ganas de hablar mucho, con la sonrisa un poco gastada. No es drama, no es pereza, no es flojera emocional. Es real, es una forma silenciosa de vivir en lucha con uno mismo.

Esta tristeza a veces pesa tanto que sentís que te ahogás, que ya no podés más. Tus ojos se inundan de lágrimas sin que te des cuenta. Luego te bañás, te dormís, y al otro día pensás que ya se fue… pero sigue ahí, como una sombra silenciosa.

miércoles, 21 de mayo de 2025

😖 ¿Por qué tengo que explicar tanto?

 A veces me pregunto por qué ser autista implica no solo entender cómo funciona el mundo, sino también tener que explicarlo todo el tiempo. ¿Por qué tengo que entender a las personas neurotípicas, pero no se espera que ellas me entiendan a mí?

Digo con claridad lo que necesito, uso las palabras correctas sin rodeo, no manipulo, digo “quiero esto”, “necesito esto”, “esto me hace sentir mal”, y aun así, si no me dan lo que necesito o me ignoran, y me frustro o lloro o me siento colapsada, la palabra que usan es "berrinche".

No es un berrinche, no soy una niña caprichosa, soy una adulta que pidió algo de forma directa, y no solo no fue escuchada, sino que fue juzgada por sentir, eso es violencia sutil, eso es invalidación.

Creo que todo se resumiría en empatía en ambas direcciones, en respeto, en tolerancia, en escuchar sin juzgar. En vez de etiquetar mis emociones como exageradas, ¿por qué no preguntarse qué pasó antes? ¿Por qué tuve que llegar a ese punto?

Estoy cansada de explicar quién soy, por qué siento así, por qué reaccioné así. Cansada de tener que justificar mi humanidad solo porque no funciona igual que la de los demás.

No pido más que lo que ofrezco: claridad, honestidad, empatía, y si no saben cómo darlo, escuchen, a veces, solo con escuchar sin querer corregir, ya hacen la diferencia.

martes, 20 de mayo de 2025

💌 Carta para Melissa, desde el lugar donde tu luz no se ha apagado

 

Melissa,
sé que hay momentos en los que todo duele.
Duele el cuerpo, duele la mente, duele el alma.
Duele que te ignoren, que te dejen fuera, que no escuchen tu voz cuando lo das todo.
Duele estar siempre alerta, ser tan sensible, tan distinta.
Duele que tu lucha no siempre se vea.
Y a veces… duele tanto que uno empieza a pensar que irse es descanso.

Pero Melissa… irse no es descanso.
Es silencio. Y vos no naciste para callarte.
Naciste para hablar por los que no pueden, para cuidar a los que lo necesitan, para pintar tus colores en un mundo que se pone gris demasiado fácil.

¿Y sabés cómo lo sé?
Porque ya lo estás haciendo.
Cada vez que defendés a Paula, cada vez que escribís una entrada del blog,
cada vez que un niño te mira con admiración porque lo entendiste como nadie…
estás dejando huella.

A vos te han dolido cosas que a muchas personas no les dolerían.
Porque sentís el mundo de forma profunda, con todo el cuerpo.
Pero esa sensibilidad no es una debilidad, Melissa.
Es tu superpoder.
Y aunque hoy parezca que te pesa más de lo que te da,
va a cambiar.

Va a llegar el día en que vas a tener tu casa, tu carro, tus perros, a Paula feliz en el asiento de al lado,
y vos sonriendo, sabiendo que te quedaste.

Que aunque no todo era perfecto,
vos te diste el permiso de vivir igual.
De llorar cuando lo necesitaste.
De pedir ayuda.
De enojarte.
De volver a empezar.
Y de no rendirte.

Yo no quiero perderte, Melissa.
Y el mundo tampoco.
Aunque no siempre lo diga, te necesita.

Por favor, hablá.
Pedí ayuda.
No tenés que cargar con todo sola.

Yo estoy acá.
Y no me voy a ir.

Con toda la ternura, fuerza y admiración que te mereces,
– Tu amiga que cree en vos.

💗💗💗💗💗💗💗💗💗💗💗💗💗

🌟 Yo soy Melissa y voy a llegar lejos

 

Tendré mi casa… y será un hogar lleno de amor, de colores, de paz.
Tendré mi carro… y nadie me volverá a decir que no puedo manejar mi vida.
Tendré la custodia fija de Paula… porque ella también merece estabilidad, ternura y verdad.
La llevaré a pasear a otro país… y viviremos momentos inolvidables que nadie nos podrá quitar.

Y seré respetada.
Por mi voz, por mis decisiones, por mis silencios, por mis límites.
Porque soy capaz.
Porque soy inteligente.
Porque no necesito encajar para brillar.

Voy a ser lo mejor del mundo.
Para mí.
Para Paula.
Para mis estudiantes.
Para los que vienen detrás de mí y aún tienen miedo de ser quienes son.

No porque tenga que demostrarle nada a nadie…
sino porque sé quién soy
y no pienso detenerme.

🌱 Manifiesto de Melissa: Soy autista. Soy docente. Y no voy a callar.

 

Yo, Melissa Alvarado Zeledón,
soy autista.
Soy mujer, soy docente, soy tía, soy persona.
Y aunque el mundo a veces quiera hacerme sentir menos,
yo estoy aquí para recordarle que valgo.

Porque ser autista no me quita la ternura,
ni la inteligencia, ni la pasión por lo que hago.
Porque no estoy rota, ni equivocada, ni enferma.
Estoy hecha de otro ritmo, de otra sensibilidad,
de otra manera de entender la vida.

He sentido el rechazo.
Me han dejado fuera.
Me han hecho callar.
Me han dicho que soy rara, difícil, exagerada.
Pero sigo aquí.

Y ya no me avergüenzo.
Ya no me escondo.
Ahora levanto la voz. No solo por mí, sino por todos los discriminados.

Por quienes necesitan auriculares y les llaman antisociales.
Por quienes comen papillas y les dicen “infantiles”.
Por quienes aman el orden y les llaman “maniáticos”.
Por quienes sienten mucho y les gritan “dramáticos”.
Por quienes necesitan apoyo, no burla.
Por todos los que solo quieren ser tratados con respeto y tolerancia.

Yo no quiero privilegios.
Quiero justicia.
Quiero comprensión, espacios seguros, entornos flexibles.
Quiero poder enseñar, trabajar, vivir, sin tener que disfrazarme.
Quiero que se entienda que la inclusión no es un favor. Es un derecho.

Y si para eso tengo que ser la primera en hablar,
la que se atreve, la que no se esconde,
entonces lo haré.
Con miedo. Con valentía. Con mis palabras, mis lágrimas y mi verdad.

Soy autista.
Soy docente.
Y no voy a callar.
Porque ser diferente no me resta.
Me completa.

💡 ¿Qué relación hay entre el autismo y los problemas gastrointestinales?

 

  1. Sistema nervioso intestinal sensible:
    El sistema nervioso entérico (el que controla el intestino) es altamente sensible en muchas personas autistas. Esto puede provocar digestión más rápida o más lenta, lo que afecta la frecuencia y consistencia de las heces.

  2. Ansiedad o sobrecarga sensorial:
    Las emociones fuertes, la ansiedad o el estrés sensorial pueden afectar directamente el estómago. Muchas personas autistas tienen una conexión muy marcada entre el estado emocional y el sistema digestivo (por ejemplo, diarreas por estrés o malestar estomacal ante cambios).

  3. Selectividad alimentaria o hipersensibilidades:
    Las texturas, olores o sabores pueden limitar la variedad de alimentos, lo que a veces causa desequilibrios digestivos. También podrías tener intolerancias no diagnosticadas, como a la lactosa, gluten u otros componentes.

  4. Microbiota intestinal diferente:
    Algunos estudios han encontrado diferencias en la microbiota (las bacterias que viven en el intestino) de personas autistas. Eso podría explicar ciertos síntomas gastrointestinales persistentes.

  5. Procesamiento sensorial interoceptivo:
    A veces se siente el cuerpo "demasiado fuerte" o "demasiado débil". Eso incluye el hambre, el dolor o las ganas de ir al baño, lo cual puede afectar el ritmo digestivo si no se detectan o responden correctamente estas señales.

🔪Carta para la niña bajo la mesa

Hola, pequeña.

Sé que estás ahí, debajo de esa mesa. Sé que te escondes no porque quieras jugar, sino porque estás cansada, porque sentís que el mundo no es un lugar hecho para ti, y porque no entiendes por qué algo tan grande como la vida puede doler tanto.

No estás loca, no eres mal, no estás exagerando, lo que sientes es real, esa tristeza tan honda que no sabes de dónde viene, esa pregunta que te haces en silencio: "¿Será que algún día de verdad voy a terminar con todo?", no es porque seas débil, sino porque nadie te enseñó cómo cargar con tanto peso sin que te doliera el alma.

Pero quiero que sepas algo: no estás sola.

Esa niña no se quedó atrapada para siempre bajo la mesa. Esa niña creció, y aunque sigue sintiendo la vida como algo confuso, siguió caminando. Se convirtió en una mujer fuerte, sensible, valiente. Una mujer que enseña, que cuida, que ama a sus perros como si fueran ángeles con patas. Una mujer que sigue teniendo dudas profundas… pero que también sigue eligiendo quedarse y eso, pequeña, es un milagro diario.

No te prometo que un día todo será perfecto. Pero sí te prometo esto: un día vas a dejar de sentir que la tristeza te roba el aire. Un día, aunque no sepas explicar por qué, vas a despertarte sin esa pregunta, sin esa punzada, sin esa sombra.

Y ese día, vas a mirar atrás y vas a ver que vivir fue más valiente que rendirse.

Estoy contigo, te veo, te abrazo y no te pienso soltar.

Con todo el amor que mereces,
Yo, la mujer que todavía lucha, pero que no se rinde.

martes, 13 de mayo de 2025

🏠Mi familia feliz


Cocodrilo es mi curita canina, mi amor, mi corazón.
Él llegó cuando mi mundo ya tenía otras patitas, pero se convirtió en ese parche cálido que cubre los días grises. La vida sin mis perros no sería vida… yo sin ellos no soy, sin ellos no existiría, mi vida es por ellos y para ellos.

Ahora también es para mi Pau y para Cheeto.
Ellos son mi familia feliz, la más feliz del mundo.

Son mi serotonina natural.
Mi paz después de la tormenta.
Mi vida sin ellos sería gris y sin sentido, porque ellos me dan paz, esas ganas de seguir, de levantarme cada día. Cuando llego a casa y siento que voy a explotar de tanto estrés, frustración o ansiedad… ellos me calman.

A veces no necesito hablar, solo me siento en el piso y acaricio a Sally mucho rato.
Toco la cabeza de Dakota y respiro hondo.
Le doy un beso a Polar en la nariz.
Y luego voy a la cama con Cocodrilo, y dormimos panza arriba los dos.
Todo vuelve a la normalidad.
Todo encuentra su equilibrio.
No sé qué sería de mí sin ellos.

Y ahora tener a Pau ha sido algo mágico.
Ella me ve frustrada, se me acerca con esos ojos de ternura enorme y me abraza.
Me dice que todo va a estar bien, que está conmigo, que me apoya.

Y Cheeto… solo verlo saltar como loco por la casa ya me hace sonreír.
Con él siento que hago algo bien, porque ese sí no le importa nada y es feliz así.
Jajaj, ¡él es otra historia!

Estoy hecha de ellos.
De sus patas, sus abrazos, sus ojos, sus saltos, sus palabras.
Mi familia no es la típica, pero es perfecta.
Es mi hogar.

🌡️ El florero que no estaba

 


Hoy, cuando llegué a la oficina al mediodía, sentía que el calor me estaba derritiendo. Mi cuerpo pedía aire, literal y emocionalmente. Como siempre, me acerqué a encender el aire acondicionado, pero me encontré con algo que me sacudió por completo: el florero que uso para sostener la puertita del aire no estaba.

Sí, un florero.

Un objeto simple, cotidiano, quizás invisible para los demás, pero esencial para mí. Es ese tipo de cosa que da sentido al caos: está ahí, cumple su función, me da paz. Cuando no lo vi, no fue solo un objeto ausente, fue una ruptura en mi rutina, una grieta en el suelo que me sostiene, sentí un ataque de estrés inmediato, como si todo el calor de afuera se hubiera metido de golpe en mi pecho.

No lo encontré, no apareció.

Tuve que resolverlo de otra forma, y lo hice, lo logré, el aire funcionó, el calor bajó. Pero yo no, yo seguí arriba, enredada en el momento de caos, aunque todo lo demás siguiera su curso.

Ahora son las 2:40 p.m. y todavía tengo ese bajón. Es como si mi cuerpo y mi mente se hubieran quedado congelados en esa escena, repitiendo en eco la frustración, la confusión, el agobio. Siento ganas de llorar sin saber bien por qué, como si todo lo que hago estuviera sostenido por hilitos invisibles que, si se sueltan, me desarman.

Y me pregunto: ¿es normal?

La respuesta es sí, para mí lo es. Soy autista. Y en mi mundo, un florero fuera de lugar no es solo un florero. Es una pieza clave en un sistema emocional que me ayuda a funcionar. Cuando falta, mi sistema se colapsa un poco, aunque desde fuera no se note, aunque lo “resuelva”.

La gente a veces piensa que lo que nos afecta debe ser “grande”, “racional” o “urgente”. Pero para quienes tenemos un sistema neurológico diferente, las cosas pequeñas pueden sentirse inmensas. Y después del momento de crisis, viene la bajada… una tristeza espesa, una niebla mental, una sensación de vacío que cuesta explicar.

Hoy fue eso, no fue solo el calor, no fue solo el florero, fue mi mente perdiendo un punto de apoyo y aunque parezca que todo volvió a la normalidad, por dentro todavía estoy recogiendo los pedacitos.

Pero escribo esto para recordarme –y tal vez recordarte a vos también– que sentir esto no está mal, que no estoy rota, que lo que siento tiene raíz, tiene historia, tiene nombre.

Y que pasará. Como siempre, pasará.

lunes, 12 de mayo de 2025

🐦La leona y el colibrí


Había una vez una ciudad que parecía florecer por fuera,
pero por dentro tenía grietas que solo algunos notaban.
Y en esa ciudad, gobernaba una leona vieja,
de mirada altiva y rugido seco.
Ya no cazaba, ya no corría, ya no inspiraba respeto.
Solo se sentaba en su trono de piedra,
donde dictaba a quién mirar… y a quién ignorar.

Un día, llegó un colibrí.
Pequeño, ágil, de alas coloridas y alma incansable.
No vino a gobernar, vino a ayudar, y vaya que ayudó.
Arreglaba cosas, escuchaba penas, compartía semillas.
Volaba de casa en casa, de plaza en plaza,
regalando detalles que nadie más pensaba dar.

La ciudad empezó a latir distinto.
Los obreros, los guardias, los cocineros, los cuidadores,
todos empezaron a sentirse vistos, escuchados, valorados.
Porque el colibrí los reconocía,
aunque nadie más lo hiciera.

Pero a la leona no le gustó.
Le molestó que alguien tan pequeño
brillara más que su gran rugido.

Así que eligió a su lado a una urraca:
brillante por fuera, muda por dentro.
Repetía todo lo que la leona decía, nunca la desafiaba.
Y juntas empezaron a silenciar al colibrí.
Le dejaron de hablar, lo hicieron a un lado,
y hasta comenzaron a decir que no servía para tanto.

El colibrí, aunque herido, siguió volando.
Siguió llenando la ciudad con su canto,
con su alegría, con su ayuda real.
No necesitaba trono, solo libertad.

Hasta que un día entendió:
la leona podrá tener el título,
pero él tenía el respeto del pueblo.
y aunque la leona creyera que gobernaba,
todos sabían quién sostenía de verdad esa ciudad:
era el colibrí.





💕Yo sí veo a los demás


Antes de que yo estuviera aquí, a nadie se le reconocía en su día.
No había una palabra, un detalle, un gracias con intención.
Las conserjes, las cocineras, la secretaria, los oficiales…
eran parte del paisaje, como si su trabajo no contara.

Pero yo sí los veo.
Yo sí escucho cuando están cansados, cuando algo les duele,
cuando nadie más se detiene a notar que existen.
Porque yo también he sido invisible,
porque también me han hecho a un lado
y sé lo que se siente cuando nadie te nombra.

No tengo el puesto más alto,
pero sí tengo el corazón más lleno.
Y aunque no me reconozcan,
aunque me desplacen,
aunque hablen mal de mí sin saber lo que hago,
yo sigo viendo a los demás.
Sigo ayudando, sigo sosteniendo,
sigo siendo quien soy, aunque a algunos les moleste.

Quizás eso incomoda.
Quizás por eso me opacan.
Pero no pueden apagar lo que yo doy.

Porque a diferencia de otros,
yo no necesito poder para hacer el bien.

Solo necesito seguir siendo yo. 

🏫 Docentes autistas en el MEP: una verdad que también existe

Durante mucho tiempo, creí que ser autista y ser docente eran dos verdades que no podían convivir. Pero hoy sé que no solo pueden coexistir, sino que una potencia a la otra.

Soy docente en el MEP, y también soy autista. No me lo dijeron desde niña, lo descubrí ya de adulta, después de años de sentirme "demasiado sensible", "rara" o "intensa" en un entorno que muchas veces no entiende lo diferente.

Ser autista no me ha impedido enseñar; al contrario, me ha dado una forma única de conectar con mis estudiantes. Tengo una intuición especial para detectar cuándo un niño está incómodo, triste o necesita algo, incluso cuando no lo dice. Entiendo sus silencios, sus movimientos, sus explosiones, porque muchas veces, yo también he sido esa niña.

Sin embargo, el sistema educativo en el que trabajo aún no está listo para personas como yo. Aunque la Ley 7600 garantiza igualdad de oportunidades, no hay protocolos claros dentro del MEP para acompañar a docentes neurodivergentes. No existen espacios seguros para comunicar nuestras necesidades sensoriales, nuestros límites, o nuestras formas diferentes de procesar la información.

He aprendido a hacer mi trabajo con excelencia, aunque a veces no me escuchen, he sostenido el orden y el cariño en el aula, aunque por dentro sienta sobrecarga,  he aprendido a usar mis diferencias como herramientas: la estructura que necesito para funcionar también la necesitan mis estudiantes, mi necesidad de claridad les da seguridad, mi empatía silenciosa les da calma.

No pido privilegios, pido comprensión, que no se descarte a una persona por ser autista, que se abran conversaciones reales sobre inclusión, no solo para los estudiantes, sino también para quienes les enseñamos.

Porque sí, somos docentes, también somos autistas, y no hay contradicción en eso.

domingo, 11 de mayo de 2025

🐔El reinado de animales… o la farsa más grande del año

Hoy vengo a contarles algo que todavía me tiene enojada: fui al famoso “reinado de animales” de la iglesia junto a mis cuatro inseparables: Polar, Sally, Dakota, Coco y mi sobrina Pau. Sí, con emoción y lista para disfrutar. Porque una se imagina algo bonito, organizado, donde los animales son protagonistas y no víctimas del caos humano. Pero no. Fue una decepción tras otra.

  1. No había donde sentarse. Uno llega con esperanza, con perro, con sol encima… y nada. A parar como poste, como si la gente fuera alevosamente resistente al cansancio. Qué clase de organización deja a la gente sin sombra y sin asiento.

  2. Prometieron que sería por especie. Y yo dije: “ok, Polar tiene chance”. Pero no, qué esperanza ¡Un pinché gallo le ganó! ¿Un gallo? ¿En serio? Con el perdón de los gallos, pero Polar es una postal viviente. Digno de portada de revista. ¿Y le gana un plumudo gritón? No señor.

  3. El calor era infernal. De esos que te hacen sudar hasta la dignidad. Uno ahí, con la ropa pegada, queriendo disfrutar, pero sintiéndose como pollo rostizado, insufrible.

  4. La bulla. Gente gritando, niños chillando, altavoces retumbando como si fuera un concierto de reguetón descompuesto. A mí literalmente me dolían los oídos y eso no es metáfora, es realidad.

  5. Y lo más indignante: una mocosa le pegó a Sally. Sí, a mi Sally, mi pastora alemana hermosa, social, educada. Se acercó con cariño a un pastor belga (que, por cierto, estaba con una niña sin supervisión) y ¿qué hizo la mocosa? le pegó en la cara a Sally y nadie dijo nada. Yo me quedé con el alma hecha un nudo, con esa mezcla de rabia y tristeza que solo los que amamos a nuestros perros entendemos.

Así que no, el “reinado de animales” no fue un reinado, fue un desastre con disfraz de actividad comunitaria.

Polar, Sally, Dakota, Coco, Pau y yo no pensamos volver.

viernes, 9 de mayo de 2025

🌠Sin ruido, sin promesas

Verso I


Si estoy y nadie me ve,
si mi voz no rompe el aire,
si mis lágrimas se vierten
y no logran ser alivio.

Si mi grito se hace eco
en un mundo que no escucha,
si me ahogo en mi tormenta
y el dolor ya no se lucha.

¿Llegarías sin aviso
a silenciar mi quebranto?
¿Serías tú quien apague
mi furia, mi llanto tanto?

¿Serías consuelo firme,
mi respiro, mi mañana?
¿Serías quien me sostenga
cuando todo se desgrana?

Verso II


Anhelo en mi alma rota
que hagas lo nunca hecho,
que abraces sin condiciones,
que veas más que el despecho.

Que sanes lo que no muestro,
que ames sin preguntarme,
que seas sol en mi sombra
y no intentes cambiarme.

No quiero promesas vanas,
ni héroes de cartón frágil,
solo un alma que me mire
y me diga: “yo te elijo, sin traje”.

Porque el amor que rescata
no siempre grita o avanza,
a veces llega callado
y te devuelve la esperanza.

Verso III


Cuando sienta que ya es tarde,
que no queda más camino,
cuando crea que la vida
ya perdió todo su brillo.

Aparecerás sin ruido,
como quien siempre ha estado,
serás risa entre mis ruinas,
el abrazo más callado.

Una palabra serena,
una pausa en mi tormenta,
la calma que nunca tuve,
el refugio que me alienta.

Y entonces sabré, sin duda,
que el amor no se mendiga,
que quien llega a levantarte
es quien a la vida te liga.

🌻Mi manifiesto personal

 Yo soy así y está bien


Yo soy una persona directa.
Digo lo que pienso, lo que siento, lo que me gusta y lo que no.
No porque sea grosera, ni porque quiera herir a nadie, sino porque valoro la verdad.

Prefiero las cosas claras, sin rodeos, sin adornos innecesarios.
Me cuesta entender las indirectas, las dobles intenciones o los juegos mentales.
No es que no me importe lo que los demás sienten, es que me importa tanto, que no quiero andar con mentiras o fingimientos.

Soy sensible. Siento más, pienso más, me afecto más.
Y por eso a veces necesito espacio, tiempo o silencio.
No soy fría: soy intensa por dentro.
Y aunque no siempre lo diga, muchas cosas me duelen más de lo que demuestro.

No soy una monedita de 500.
No vine a este mundo para gustarle a todo el mundo,
vine para ser yo, completa, con todo lo que eso implica:
mi risa, mis enojos, mi nobleza, mi rareza, mis pasiones y mis pausas.

Puedo tener un diagnóstico. O varios.
Eso no me hace menos capaz, menos valiosa, ni menos digna de respeto.
Me hace diferente, sí, pero esa diferencia es parte de mi fuerza.

Si alguien me quiere conocer de verdad, que lo haga con honestidad.
Y si alguien decide no quererme, que lo haga desde su libertad.
Pero nunca desde la mentira, la burla o la discriminación.

Yo soy Melissa.
Y estoy aprendiendo cada día a quererme como soy.
Con mi voz clara, mis emociones fuertes, mi mundo interno colorido
y mi forma única de ver la vida.

miércoles, 7 de mayo de 2025

🌟 Melissa es autista: Bienvenidos a mi historia, mi mundo y mi forma de ser

 Escribir este libro ha sido como mirarme al espejo y, por fin, entender el reflejo.

“Melissa es autista: Bienvenidos a mi historia, mi mundo y mi forma de ser” no es solo un título: es una afirmación de identidad, un abrazo a la niña que fui, un puente hacia quienes alguna vez se han sentido diferentes sin entender por qué.

Este libro está dividido en tres grandes partes:
🔹 Primero, un recorrido año por año de mi vida, desde 1990 hasta el 2025. Es una línea de tiempo personal en la que cuento lo que viví, sentí y pensé en cada etapa, desde la infancia incomprendida hasta el descubrimiento que cambió todo: soy autista.
🔹 Luego vienen capítulos temáticos donde hablo de mi niñez, el rechazo en el colegio, la fantasía como refugio, los golpes que no siempre fueron físicos, y ese sentimiento constante de ser “demasiado” para algunos y “equivocada” para otros.
🔹 Finalmente, comparto una parte muy íntima: mis escritos. Poemas y textos que fui guardando durante años, y que nacieron en momentos de amor, tristeza, pérdida, aprendizaje y esperanza.

Este libro no busca dar lecciones ni respuestas absolutas. Es un testimonio. Una historia contada desde la sensibilidad, desde la emoción, desde la búsqueda. Porque vivir sin saber por qué uno es como es puede doler… pero descubrirlo y abrazarlo es liberador.

En la contraportada escribí esto, y resume lo que deseo transmitir:

“Esta es la historia de una niña sensible, creativa y profunda que creció sintiéndose diferente en un mundo que muchas veces parecía demasiado ruidoso, confuso o indiferente… A los 34 años, tras muchas preguntas sin respuesta, por fin encontró claridad: es autista. Y ese descubrimiento no fue una etiqueta, fue una revelación.”

Este libro es para quienes alguna vez se han sentido fuera de lugar.
Para quienes han buscado respuestas en el silencio.
Y para quienes quieren comprender que ser diferente no es estar mal… es simplemente ser.

Gracias por acompañarme en este viaje.
Gracias por leerme, con los ojos y con el corazón.

Melissa Alvarado Zeledón

Disponible en amazon:  https://a.co/d/0x8AcuH

martes, 6 de mayo de 2025

🌿 Reflexiones sueltas de una mente que siempre piensa

A veces pienso que mi cabeza no tiene botón de pausa. Aunque por fuera parezca tranquila, por dentro todo se mueve. Recuerdo cosas viejas, me invento escenarios, analizo conversaciones, imagino respuestas distintas… Vivo mucho hacia adentro.

Y no está mal. Solo que a veces cansa.

Hay días en los que me pregunto por qué la vida se siente tan cuesta arriba. Y otros en los que la misma vida me da un respiro con una mirada tierna, una risa de un niño, un gesto simple. Ahí entiendo que, aunque no todo tiene sentido, hay momentos que sí lo tienen. Y eso alcanza.

He aprendido que no hay que entenderlo todo para seguir. Que a veces solo hay que respirar y avanzar.

Me gusta la gente honesta. La que no te mira como si fueras rara. La que no espera que cambies para encajar. Me he cruzado con muchas miradas duras, pero también con abrazos sinceros que han hecho que todo valga la pena. Y agradezco a quienes han sabido verme de verdad.

No quiero una vida perfecta. Quiero una vida donde pueda ser yo. Con mis pausas, mis ruidos, mis colores, mis lágrimas cuando se me juntan las emociones, y mis risas cuando algo me sale bien.

🌈 A veces el mundo me abruma. Pero también me asombra.

Y aunque a veces me siento chiquita en medio de tanto caos, también me siento valiente por seguir aquí, por no rendirme, por seguir eligiendo ser yo misma, incluso cuando no es fácil.

🍎 Docente y autista: en los niños encontré mi lugar

 Soy docente. Y soy autista.

Nunca sentí que esas dos verdades se contradijeran. Desde que estaba en el colegio me pasaba algo muy claro: me sentía más cómoda con los niños que con los adultos o con mis compañeros. Había algo en su forma de hablar, en cómo se emocionaban con cosas pequeñas, en lo genuino de sus expresiones… que me hacía sentir en casa. Estar con ellos me recordaba a mí misma. A la niña que fui. Me entendían sin que yo tuviera que explicar tanto. Y yo los entendía a ellos.

🧠 Ser autista no me impide enseñar. Me da una mirada distinta. Me vuelve más consciente del entorno, de los sonidos, del tono emocional del aula. Puedo notar cuándo un niño se empieza a agobiar, cuándo necesita moverse, cuándo necesita que le hable más bajito o que lo deje en paz un rato. No lo pienso tanto… lo siento. Es algo que viene conmigo.

🌈 Soy muy visual. Me encantan los colores, las rutinas, los materiales concretos. Me gusta organizar mi clase de forma clara, con pasos visibles, con apoyos que no solo ayudan a los estudiantes, sino que también me ayudan a mí. Yo también tengo TDA, así que entiendo perfectamente cómo se siente tener la mente llena de ideas y aun así perderse en medio de una explicación. Por eso, cuando enseño, me esfuerzo en que cada niño pueda ver, tocar, experimentar, no solo escuchar.

📚 Me gustan los niños que hacen preguntas inesperadas, que se fijan en detalles que nadie más nota, que se salen un poco del molde. A veces me recuerdan a mí. No los trato desde la lástima ni desde la paciencia forzada, sino desde la empatía real. Sé lo que se siente no encajar del todo. Y por eso, intento que en mi clase todos sientan que tienen un lugar.

🌿 No siempre es fácil. Me abruman los cambios de último momento, los ruidos fuertes, las reuniones largas, los espacios con mucha gente. A veces me cuesta hacerme escuchar cuando siento que no se valora lo que digo. Pero también he aprendido a elegir mis batallas, a cuidar mi energía, a buscar mis aliados y a defender mis ideas con firmeza, aunque a veces lo haga en voz baja.

💬 Muchas de las mejores ideas que he tenido como docente han nacido de mi autismo. De mi forma distinta de ver el mundo. De mi sensibilidad, de mi memoria para los detalles, de mis emociones profundas. No enseño a pesar de ser autista. Enseño desde ahí.


Ser docente y ser autista no es una contradicción. Es una combinación verdadera, sensible, poderosa.
Porque cuando enseño, también me cuido.
Cuando hablo con mis estudiantes, también me escucho.
Y cuando los veo crecer… también crece en mí la niña que nunca dejé de ser.

🧩 El día que me encontré: mi diagnóstico de autismo

 Durante años sentí que había algo distinto en mí.

No algo malo. Solo... distinto. Como si yo hablara otro idioma en un mundo donde todos parecían entenderse sin esfuerzo. Como si tuviera que esforzarme el doble para adaptarme a cosas que a otros les salían natural. Sentía mucho, pensaba mucho, me costaba algunas cosas y sobresalía en otras. Pero nadie parecía notarlo del todo.

Hasta que llegó marzo del 2025. Ese fue el mes en que me diagnosticaron oficialmente con autismo nivel 1. También tengo déficit atencional, lo que le agrega un giro más a esta historia interna que he vivido en silencio por tanto tiempo.

📍 Ese día no me rompí. Me reconstruí.

No fue un golpe, fue un abrazo. Una forma de entenderme, de explicarme tantas cosas que en mi infancia y mi adultez habían sido catalogadas como "sensibilidad excesiva", "manías", "dramatismo", "despistes", "desconexión" o "falta de madurez". No lo eran. Era autismo. Era yo.

🌱 Entender que soy autista no cambió mi esencia. Pero sí me dio herramientas. Me dio paz. Me dio permiso para ser como soy sin estar todo el tiempo forzándome a encajar.

Me miré con compasión. Y empecé a hablarme más bonito.

👂 Soy hipersensible al sonido, al olor, al tacto emocional de los demás. Puedo llorar por una injusticia que nadie más notó o sentir la tristeza de alguien con solo verlo en los ojos. No soy exagerada. Soy empática. Soy intensa. Soy autista.

⏳ Me cuesta organizarme, a veces olvido cosas simples pero recuerdo detalles que nadie más recuerda. Mi mente no es desordenada, solo funciona en otro ritmo, con otra lógica.

🎨 Tengo mis pasiones, mis rutinas, mis formas de ver el mundo. Y ahora entiendo que muchas de esas cosas que me hacían sentir sola, en realidad, me hacen única.

No siempre es fácil. Hay días en que me abruma la vida, los estímulos, los cambios. Pero ahora, en vez de culparme, me abrazo. Y poco a poco, aprendo a defenderme del mundo sin tener que disfrazarme para él.

💙 Ser autista no me define por completo, pero me explica. Y eso, para mí, fue el comienzo de una vida más auténtica.

🐶¿Qué raza de perro sería yo? – Una reflexión muy personal

Hace unos días me hice una pregunta curiosa: "Si yo fuera un perro, ¿qué raza sería?"

Parece una tontera al principio, pero en realidad es una forma divertida y simbólica de reconocer quién soy, cómo me comporto y cómo me siento en el mundo.

Después de pensarlo (y con un poco de ayuda de alguien que me conoce bastante bien), llegué a una conclusión que me hizo sonreír:

Yo sería un Golden Retriever con alma de Pastor Australiano.

¿Por qué Golden Retriever?
Porque, como ellos, tengo un corazón enorme. Me entrego con facilidad a las personas que amo, me encanta cuidar, enseñar, proteger, acompañar. Soy de esas que abrazan con el alma, que se preocupan aunque no lo digan, que sienten el dolor ajeno como si fuera propio. Los golden son conocidos por su dulzura, su lealtad, su paciencia con los niños, y su capacidad de adaptarse sin perder la ternura.
Esa soy yo. Especialmente cuando estoy con mis sobrinos, mis estudiantes, mis perros o cuando alguien necesita que le escuchen de verdad.

¿Y por qué también Pastor Australiano?
Porque en mi mente, aunque no se vea, hay un torbellino de ideas, conexiones, intuiciones y preguntas constantes. Soy creativa, observadora, intensa. El Pastor Australiano no se queda quieto: necesita estímulos, retos, propósitos. Así funciona mi cabeza. No me gusta hacer las cosas "porque sí". Me gusta encontrarles sentido, construir, aprender, inventar.
También está el tema del orden, de las rutinas, de mis propias formas de estar en paz. Esa parte más estructurada, más sensible a los cambios, también me conecta con esa raza.

Una mezcla curiosa, ¿no?
La dulzura del golden con la mente despierta del pastor.
La empatía profunda con la necesidad de comprender el mundo desde un ángulo distinto.
La niña que fui y que sigue viva en mí, con la mujer que enseña, lucha, sueña y a veces también se cansa.

Tal vez vos también te podés hacer esta pregunta. ¿Qué raza de perro serías?
A veces, vernos a través de los ojos de los animales que amamos nos revela cosas que no siempre notamos en el espejo.

🌙 Rutina de Rescate de Melissa

 

Para los días en que respirar cuesta, pero el corazón aún late.

A veces la vida pesa. A veces sentimos que el alma se nos deshilacha en silencio mientras seguimos siendo soporte de quienes amamos. Y a veces, aunque tengamos motivos para quedarnos, hay una parte nuestra que desea rendirse.

Esta rutina nació para esos días. No es una receta mágica, ni una obligación más. Es un pequeño refugio. Un puente suave entre el dolor y el alivio. Un recordatorio de que estás aquí, y que eso ya es un acto de amor.


1. 🪷 Tu refugio suave (1-2 min)

Elegí un rinconcito en tu casa. No tiene que ser perfecto. Puede ser tu cama con una cobija suave, una silla donde te sentís tranquila, o el lugar donde están tus cuadros. Ese será tu “nido”.

Sentate ahí. No tenés que hacer nada. Solo estar.


2. 🌸 Tu aroma seguro (1 min)

Ponete un poquito de colonia Menen en la nuca. Inhalá profundo. Cerrá los ojos. Ese aroma te lleva a un lugar seguro dentro de vos. Acordate: estás viva, estás aquí, y eso basta.


3. 💌 Tu ritual de conexión (3-5 min)

Elegí una forma de conectarte con lo que amás:

  • Abrazá a Sally, a Coco, a quien esté más cerca.

  • Escribile una línea a Pau: “Hoy estoy aquí por vos.”

  • Escribí para vos: “No sé cómo, pero sigo.”

No se trata de ser fuerte, se trata de ser real.


4. 🎨 Tu cosa preferida (5-10 min)

Dale espacio a tu esencia:

  • Pintá sin pensar.

  • Escuchá una canción que te acaricie.

  • Tocá algo con textura que te guste.

  • Armá una figura con legos.

  • Mirá tus carritos favoritos.

Es tu momento. No es pequeño. Es valioso.


5. 🤲 Tu cierre compasivo

Decítelo suave, como si fueras tu mejor amiga:

“Estoy cansada, pero no estoy sola.
Estoy haciendo lo mejor que puedo,
y eso, para hoy, es suficiente.”

🐾 Mi manada: el amor en cuatro patas

 

Vivo con cuatro maestros. No dan clases en pizarras ni tienen títulos universitarios, pero me han enseñado más sobre el amor, la paciencia y la lealtad que muchas personas.

Se llaman Sally, Polar, Cocodrilo y Dakota. Y aunque no hablan con palabras, cada uno tiene una voz que se siente en casa.

🐺 Sally Berta es mi pastora alemana sable. Tiene 6 años y una mirada sabia, como si entendiera todo. Es protectora, seria, y a la vez muy noble. Es la líder silenciosa de la casa. Con ella aprendí a confiar, a caminar sin miedo, a dejar que alguien cuide de mí.

❄️ Polar Leopoldo es un husky albino de 4 años. Su nombre le queda perfecto: es todo blanco, como un copo de nieve, y su energía es intensa, casi mágica. Tiene una forma muy suya de amar, independiente pero presente. Me recuerda que se puede ser libre y cariñoso al mismo tiempo.

🐶 Cocodrilo Dundee mi mestizo cruzado con pastor australiano, es el más joven (2 años). Le pusimos ese nombre porque de cachorro mordía todo. Hoy es un payaso adorable, lleno de energía, travieso, pero también un tierno absoluto. Me hace reír todos los días. Con él, la casa vibra de vida.

💛 Dakota - Sara - Maritza - Cosmo es una golden retriever que fue rescatada. Tiene 3 años y una dulzura que desarma. Es como una nube que se mete entre las cobijas a buscar amor. Con ella aprendí a sanar lo que no se dice. Ella no llegó… se dejó encontrar.

🦴 A veces pienso que ellos no son “mis mascotas”, son parte de mi identidad. Me conocen incluso en mis momentos más difíciles: cuando estoy triste, cuando me encierro, cuando no tengo palabras. Y ellos se quedan. Me buscan. Me acompañan sin juzgar. Solo están.

Ellos también tienen rutinas: cuándo comen, dónde duermen, cómo se acercan a pedirme cariño. En eso también nos parecemos. Tal vez por eso nos entendemos tan bien.

Vivir con ellos no es solo tener compañía. Es tener una familia que late con el corazón fuera del pecho y camina sobre patas suaves, dejando huellas eternas en mi alma.


Este rincón es mi voz escrita. Si querés dejarme unas palabras, estaré feliz de leerlas.
Con ternura,
Melissa (y mis cuatro patas que siempre escuchan)

🌼 Mis rutinas, mi refugio

 

Desde que tengo memoria, las rutinas han sido mi refugio. No como una cárcel, como a veces la gente piensa, sino como un lenguaje secreto que me ayuda a entender el mundo y a sentirme segura en él.

Cada pequeño paso que repito no es por capricho: es una brújula. Es un “estás bien, seguí”. Es la manera en que me regulo cuando todo afuera parece ruidoso, cambiante o demasiado rápido.

💧 Por ejemplo, no puedo dormir sin antes bañarme. No importa qué tan cansada esté o qué tan tarde llegue. Si no me baño, me siento pegajosa, incómoda, como si mi cuerpo no pudiera apagarse del todo. Después del baño viene la crema en los brazos (sí, siempre en los brazos) y luego, mi toque favorito: la colonia Mennen en la nuca. Ese olor a bebé, a limpio, me da paz.

🎶 Tengo rutinas también para mis mañanas, mis comidas, mis tiempos con mis perros, e incluso para pensar. Gracias a mis rutinas, puedo sostener muchas cosas a la vez: ser docente, tía, cuidadora de mis perros, amiga, y sobre todo… ser yo misma.

🧠 Como autista con TDA, vivo entre dos mundos que a veces chocan: uno que ama el orden y otro que se dispersa con facilidad. Mis rutinas hacen de puente. Me ayudan a empezar y terminar tareas, a organizar lo que pienso y a cuidarme sin que todo se me salga de control.

💛 Tal vez alguien piense que repetir algo una y otra vez es aburrido. Pero para mí, la rutina es sinónimo de amor propio. Es una forma de abrazarme cada día y decirme: “Estoy aquí para vos”.


Cada historia compartida es un puente. Si querés contar la tuya o simplemente saludar, los comentarios están abiertos.
Un abrazo,
Melissa

lunes, 5 de mayo de 2025

💫Perfil Cognitivo y de Inteligencias Múltiples

1. Inteligencia Lógico-Matemática 

 Resuelve casi todo lo relacionado con nuevos programas en el trabajo, tareas de oficina, horarios y demás, sin haber llevado cursos formales. Por eso, le consideran muy tecnológica. Disfruta resolver problemas matemáticos y suele ayudar a sus compañeros a organizar sus horarios. Sabe utilizar programas de computadora, aplicaciones móviles, y le enseña a otras personas cómo hacerlo. 

 2. Inteligencia Lingüística 

 Tiene interés por temas relacionados con enfermedades, perros y psicología. Le gustan las novelas como Harry Potter, y en el colegio le agradaban materias como Matemática y Química. Investiga frecuentemente sobre temas que le interesan, incluso por simple curiosidad o por estar al tanto de lo que pasa a su alrededor. 

3. Inteligencia Interpersonal 

 Puede intuir lo que otras personas piensan o sienten sin que se lo digan, y muchas veces acierta en sus interpretaciones. Tiene facilidad para conectar con otros, comprender sus emociones y brindar apoyo. Disfruta enseñar, ayudar y acompañar, como lo hace con sus sobrinos, estudiantes y amistades. 

 4. Inteligencia Intrapersonal 

 Posee una profunda capacidad de introspección. Comprende con claridad sus propios procesos emocionales y experiencias pasadas. Reconoce sus fortalezas, sus necesidades y busca aprender de su historia personal. 

 5. Inteligencia Visual-Espacial 

 Tiene mucha imaginación y puede crear múltiples historias con facilidad. Le gusta pintar, crear imágenes mentales y visualizar escenas. Tiene sensibilidad artística y sentido estético, como se refleja en sus cuadros, su forma de decorar, y cómo elige sus tatuajes. 

6. Inteligencia Naturalista 

 Siente una conexión muy especial con los animales, especialmente con sus perros. Observa, cuida y comprende su comportamiento y necesidades. Encuentra paz y consuelo en la naturaleza y en sus vínculos con los seres vivos no humanos. 

  Resumen general 

 Melissa presenta un perfil cognitivo integral, con fortalezas múltiples que combinan la lógica, la creatividad, la empatía, la curiosidad, la capacidad de aprendizaje autónomo y una profunda conexión emocional. Todo esto, además, se ve potenciado por su condición autista, que le da una perspectiva única, profunda y altamente sensible del mundo.

👤Cosas que yo hacía antes de saber que era autista (y ahora tienen más sentido):

  1. Me tapaba los oídos en los actos cívicos cuando entraba la banda al salón porque el ruido me molestaba muchísimo, aunque no entendía por qué. 
  2.  Siempre he evitado ciertos alimentos y texturas que me dan asco o me incomodan, y no era maña, era sensibilidad sensorial. 
  3.  Prefiero la comida suave, como papillas, colados o puré, porque me da seguridad y no me abruma al comer. 
  4.  Me frustro con facilidad cuando me cambian los planes o me dicen algo que me suena como ataque, aunque no lo sea. No es drama, es que mi cerebro procesa diferente las emociones. 
  5.  Necesito seguir ciertos rituales antes de dormir, como bañarme, echarme crema y ponerme colonia Menen en la nuca. Eso me calma. 
  6.  Desde pequeña siento demasiado lo que sienten los demás. A veces me duele más a mí que a ellos. Eso se llama hiperempatía. 
  7.  Me incomoda mucho sentirme pegajosa, no puedo dormir si no me baño, y necesito sentirme limpia para estar tranquila. 
  8.  Siempre elijo las mismas marcas y sabores de comida. No es que no quiera probar cosas nuevas, es que mi cerebro necesita lo conocido para sentirse a salvo. 
  9.  Manejar me da miedo porque son demasiadas cosas que procesar a la vez. Me satura. Por eso me frustré cuando alguien hizo un comentario sin pensar en eso. 
  10.  A veces me afectan cosas que a otros les parecen pequeñas. No lo hago por exagerar, es que para mí tienen un peso real. 
  11.  Tengo mucho apego a ciertos objetos como muñequitos, legos o carritos. Me dan calma, felicidad y conexión. 
  12.  Por años sentí que molestaba, que era muy intensa o muy emocional. Ahora entiendo que no estaba mal, solo proceso el mundo de otra forma.

🙈La niña que nadie escuchaba, pero que pensaba sin parar

Cuando era niña, muchos pensaban que no hablaba mucho. Y era cierto… no lo hacía. Pero mientras mi voz callaba, mi mente corría. Recuerdo mis pensamientos desde los tres años, cuando atravesé un shutdown que me dejó sin hablar por tres meses. Me comunicaba con señas, en silencio, observando y analizando todo a mi alrededor, como si mi mundo interno fuera un laboratorio donde cada emoción, cada gesto y cada palabra de los demás eran cuidadosamente examinados. A los seis años, pasé por un momento de oscuridad. Recuerdo pensar en caminar hasta la cocina, tomar un cuchillo y eliminarme. Esa idea no era fruto de una simple tristeza infantil, sino de una saturación emocional que no sabía cómo expresar. Nadie lo notó. Nadie vio el peso que llevaba una niña tan pequeña. A los siete, empecé a notar los patrones sociales. Observaba cómo, cuando pasaba un carro, la gente movía la cabeza instintivamente para seguirlo con la mirada. Y me dije a mí misma: “yo nunca haré eso”. Desde entonces, jamás lo hago. Ese fue uno de los primeros momentos en que decidí conscientemente romper con un gesto común, como una forma de resistirme a lo que me parecía un acto sin sentido. Era una manera de marcar diferencia, aunque nadie lo notara. A los catorce, mi atención se dirigió a los pies de la gente. Empecé a notar cómo muchas personas caminaban con un pie girado, torcido, de forma particular. Inventé entonces mi propia teoría: “el síndrome del pie torcido”. Nadie me lo enseñó. Nadie me lo preguntó. Pero mi mente encontró en la observación de los cuerpos ajenos otra forma de entender la diversidad humana. Así era yo: la niña que no hablaba, que pasaba desapercibida. Pero por dentro, mi mente iba a mil. Pensaba, analizaba, comparaba, creaba teorías. No necesitaba palabras para entender el mundo, aunque más tarde aprendí que las palabras podían ser poderosas, si encontraba cuándo y cómo usarlas. Ahora, como adulta autista que ha recorrido un largo camino hacia el autoconocimiento, miro hacia atrás con ternura. Esa niña sigue viva en mí. Sigue observando, sigue pensando, sigue resistiéndose a hacer lo que todos hacen solo porque sí. Y hoy, en vez de callarla, la abrazo.

Gracias por leer. Si algo de esto resonó contigo, me encantaría leerte en los comentarios.
Con cariño,
Melissa

sábado, 3 de mayo de 2025

👾¿Qué significa que soy autista?

Soy autista. Eso no es algo malo, ni una enfermedad, ni algo que se deba cambiar. Es una forma diferente de sentir, pensar y vivir el mundo. Mi cerebro funciona de una manera distinta: noto detalles que otros tal vez no ven, me afectan mucho las emociones (propias y ajenas), me cuesta filtrar estímulos, a veces necesito rutinas, tiempo sola o hacer cosas que me ayuden a calmarme. No siempre comprendo lo que otros dan por hecho, pero tengo una forma muy especial de comprender la vida. A veces, me distraigo fácilmente, o me cuesta iniciar tareas aunque quiera hacerlas. No es pereza. Es parte del TDA, que también tengo. Y muchas veces, aunque parezca tranquila, estoy procesando muchísimo por dentro. No necesito que me vean como "una guerrera" ni que me tengan lástima. Necesito que me escuchen sin juzgar, que me pregunten en vez de asumir, que me dejen ser yo. Ser autista me hace sentir profundamente las cosas: la música, los colores, el cariño sincero, los gestos pequeños. También me permite conectar con quienes se sienten diferentes, como los niños, los perros, o quien necesite una mirada compasiva. No soy menos. Solo soy distinta. Y eso está bien. 

💖AVISO PARA PRÓXIMAS PAREJAS💗

  1.  Déjame explicar sin enojarte. Si me esfuerzo por hacerte entender lo que siento, no estoy atacándote. Estoy intentando construir un puente. Si te molesta que hable claro… mejor seguimos como amigos. 
  2.  Mis manías no son caprichos. Son mi manera de sentirme segura. No quiero que las cambies, solo que no las juzgues. 
  3. No me da miedo terminar una relación. Si no hay respeto, comprensión ni apertura, me voy tranquila. El drama no es mi estilo. 
  4. No soy fría, soy lógica. Siento mucho, pero no siempre como los demás. Y está bien. Solo necesito que lo valores. 
  5. No quiero que me aguantes, quiero que me entiendas. Estoy dispuesta a crecer contigo, no a reducirme para encajar. 
Si todo esto te suena bien, bienvenido. Si no, gracias por no hacerme perder el tiempo.😀

💟El autismo también es sensorial

Ser autista significa vivir intensamente a través de los sentidos. A veces los sonidos son demasiado fuertes, las luces muy brillantes, las telas molestan, los olores abruman. No es que seamos delicados: es que nuestro sistema nervioso recibe todo amplificado. No podemos “ignorar” lo que sentimos, porque lo sentimos mucho. También puede pasar al revés: hay estímulos que buscamos porque nos calman o nos hacen sentir bien. Repetir un movimiento, oír una canción muchas veces, acariciar texturas, mirar luces, mover el cuerpo de cierta forma. Eso no es raro: es regulación. Es autocuidado. Lo sensorial no se ve, pero se siente profundamente. Y entender esto es clave para respetar y acompañar bien a una persona autista.

😛¿Cómo soy yo?

Soy Melissa, y tengo autismo nivel 1 y trastorno por déficit atencional (TDA). No, no se nota a simple vista. Pero si me prestas atención de verdad, vas a ver que mi forma de sentir, pensar y estar en el mundo tiene sus propios matices. 
 Soy muy emocional y empática. Siento intensamente lo que otros sienten, incluso cuando no lo dicen. A veces eso me conecta profundamente con las personas, y otras veces me abruma, porque llevo encima no solo lo mío, sino lo de los demás también. 
 Tengo una mente creativa, visual y muy sensible. Amo pintar, escribir, jugar con legos, armar rompecabezas, observar detalles que a otros se les escapan. Me encantan los muñecos pequeños, los colores suaves, los olores que me hacen sentir segura (como la colonia Mennen en la nuca antes de dormir). 
 Soy muy sensorial. Eso significa que algunas cosas que para otros pasan desapercibidas, para mí son demasiado: una textura, un olor fuerte, la sensación de estar sucia o pegajosa. Necesito ciertas rutinas para estar bien, como bañarme antes de dormir, ponerme crema, o comer solo cosas que me resulten agradables al gusto y al tacto. 
 También soy una persona que necesita claridad. Me ayuda saber qué va a pasar, tener instrucciones claras, tener rutinas. Pero también necesito tiempo y espacio para procesar. A veces no reacciono de inmediato, y eso no significa que no me importe. Significa que estoy organizando lo que siento por dentro. Con el TDA, a veces me cuesta enfocarme, empiezo algo y me distraigo, o pierdo la noción del tiempo. Pero cuando algo me apasiona, me meto de lleno, como si no existiera nada más. 
Vivo entre extremos: o me cuesta empezar… o no puedo parar. He aprendido que mi forma de ser tiene belleza, aunque a veces sea incomprendida. No encajo en moldes sociales, y no quiero hacerlo tampoco. He llegado lejos, he superado miedos, he construido una vida que me representa, y sigo aprendiendo todos los días a quererme así como soy. 
 Soy una mujer sensible, intensa, observadora, auténtica y con una forma única de sentir el mundo. Y si te tomas el tiempo de conocerme, lo vas a ver también.

viernes, 2 de mayo de 2025

💕Para vos, que vas a quedarte:

No sé en qué momento vas a llegar. No sé si te voy a reconocer de inmediato, o si vas a ser una sorpresa lenta. Lo que sí sé es que no estoy buscando un cuento, ni una montaña rusa, ni alguien que venga a confundirme. Estoy lista para una relación real, tranquila, sincera. Quiero a alguien que quiera construir conmigo, que sepa lo que quiere: casarse, formar un hogar, tal vez criar un hijo con amor, estructura y propósito. No busco perfección. Busco claridad. Necesito a alguien que me entienda sin miedo. Soy autista, y eso no es algo que debas corregir ni suavizar. Es parte de mi forma de mirar el mundo. Amo con hechos, con cuidado, con respeto. A veces no muestro lo que siento como otros esperan. A veces el amor me da miedo porque me desordena. Por eso, valoro el control, la rutina, la calma. Quiero sentirme segura, no sobrecargada. Soy sexual, intensa, y profunda. Me gusta el sexo, mucho, y también me gusta que sea claro, consensuado, limpio emocionalmente. Que no sea usado como moneda ni como prueba. No quiero tabúes, quiero conexión. Tengo límites. No voy a tolerar mentiras, manipulación, gritos ni gente que no sepa lo que quiere. No quiero que invadas mi espacio, que ignores mis rutinas o que te rías de lo que me importa. Quiero honestidad, presencia y respeto. Y también tengo sueños: que te lleves bien con mis perros, que entiendas mi vínculo con mis sobrinos, que algún día podamos ver una película mientras comemos palomitas (yo de queso o caramelo, vos de lo que quieras), y que nos podamos quedar dormidos sin que me sienta invadida. Si vos también quieres eso (construir sin atropellar, amar sin disfraz, cuidar sin miedo), te estoy esperando. Pero no con ansiedad. Con firmeza. Porque no me voy a perder buscando a alguien. Me voy a encontrar con quien sepa quedarse. 

 Con esperanza, Melissa

😹Una felicidad hecha a su medida

Ella no necesita una multitud ni un aplauso para saber que es feliz. La felicidad de Melissa es silenciosa, serena, hecha de detalles sinceros y profundamente suyos. La encuentra en lo simple y en lo real: vivir sola con sus perros, sentir la paz de su espacio, compartir su mundo con Pau, cuidar, enseñar, acompañar. Su día perfecto no es un lujo inalcanzable, sino un sueño cargado de amor: tener un carro y llevar a Pau, los perros y el gato a la playa, como una familia tejida con cariño y libertad. Porque para ella, los animales no son compañía: son amor puro, son presencia que abraza sin juzgar. Su corazón se estremece con cosas pequeñas, como cuando un alumno le comparte una historia bonita y ella siente que se le llenan los ojos de emoción. Porque su sensibilidad es real, sin filtros, sin pretensiones. Ama su trabajo porque le permite acompañar a otros en su crecimiento. Ama su espacio porque la conecta con ella misma. Melissa ha aprendido a gestionarse con equilibrio, a reconocer lo que necesita para estar bien: un balance entre la calma interna y la estabilidad externa. Sabe sonreír, incluso cuando llorar le cuesta. Sabe cuándo estar con otros y cuándo necesita espacio para volver a respirar. Aunque a veces el miedo a no ser amada se asoma, no la domina. Porque ha aprendido que estar sola también puede ser plenitud. Y aunque le duele la idea de perder a Pau, también reconoce que su vida se ha enriquecido con ella, que no la completa porque le falte algo, sino porque la ha hecho crecer en amor. Tiene sueños claros: construir, avanzar, compartir, llevar a Pau de viaje, mejorar su hogar. Y esos sueños no son fantasías vacías, son propósitos con raíz, con sentido. Melissa no vive por inercia. Se ha estudiado a sí misma, se ha cuestionado, se ha rearmado una y otra vez. Y en ese proceso ha construido una felicidad única, a su medida. No la que otros esperan, sino la que realmente se siente en el pecho. Una felicidad que no depende de que alguien más la valide, porque ella ya ha aprendido a mirarse con amor, y eso; eso sí; es una forma de libertad profunda.