Me dijeron que esta es “la edad de los locos”…
y ¿sabés qué? Que viva la locura.
Pero no una locura cualquiera:
una que nace de haber sobrevivido a tantas versiones de mí misma,
de haberme roto y reconstruido,
de haber caminado con miedo, pero sin detenerme.
De haber sido niña, hija, hermana, tía, maestra, amiga…
y, finalmente, haberme encontrado a mí.
Cumplo 35 con cicatrices que ya no me pesan,
con historias que antes callaba y ahora cuento con orgullo.
Con la certeza de que no vine a encajar,
vine a ser.
Soy la que ríe fuerte con los niños,
la que se emociona con una canción de Era o con una papilla de bebé.
La que pinta, la que sueña, la que escribe lo que siente,
la que ha amado, la que ha llorado,
y la que sigue aprendiendo a quererse…
sin condiciones.
A los 35 no me interesa gustarle a todos.
Me interesa gustarme a mí.
Y eso, amigas y amigos… es una revolución.
Así que sí, que me llamen loca.
Pero loca feliz, loca libre, loca real.
Feliz cumpleaños a mí.