viernes, 30 de mayo de 2025

🎂¡Hoy cumplo 35!


Me dijeron que esta es “la edad de los locos”…

y ¿sabés qué? Que viva la locura.

Pero no una locura cualquiera:

una que nace de haber sobrevivido a tantas versiones de mí misma,

de haberme roto y reconstruido,

de haber caminado con miedo, pero sin detenerme.

De haber sido niña, hija, hermana, tía, maestra, amiga…

y, finalmente, haberme encontrado a mí.


Cumplo 35 con cicatrices que ya no me pesan,

con historias que antes callaba y ahora cuento con orgullo.

Con la certeza de que no vine a encajar,

vine a ser.


Soy la que ríe fuerte con los niños,

la que se emociona con una canción de Era o con una papilla de bebé.

La que pinta, la que sueña, la que escribe lo que siente,

la que ha amado, la que ha llorado,

y la que sigue aprendiendo a quererse…

sin condiciones.


A los 35 no me interesa gustarle a todos.

Me interesa gustarme a mí.

Y eso, amigas y amigos… es una revolución.


Así que sí, que me llamen loca.

Pero loca feliz, loca libre, loca real.


Feliz cumpleaños a mí.

miércoles, 28 de mayo de 2025

🏛️ Organizaciones oficiales y su número de razas de perros reconocidas

 1. FCI (Federación Cinológica Internacional) – Europa y gran parte del mundo

  • 🐕 Reconoce: Aproximadamente 359 razas oficiales

  • ✅ Clasifica las razas en 10 grupos (según función o morfología)

2. AKC (American Kennel Club) – Estados Unidos

  • 🐶 Reconoce: 201 razas (al 2025)

  • 🔍 Algunas razas que reconoce la FCI no están en la AKC y viceversa.

3. UKC (United Kennel Club) – Estados Unidos

  • 🐕‍🦺 Reconoce: Más de 300 razas

4. The Kennel Club – Reino Unido

  • 🐾 Reconoce: Más de 220 razas


🗂️ Clasificación FCI (resumen de los 10 grupos):

  1. Perros de pastor y boyeros (excepto suizos) – Ej: Border Collie, Pastor Alemán

  2. Perros tipo Pinscher y Schnauzer, Molosoides, tipo montaña suiza – Ej: Dobermann, San Bernardo

  3. Terriers – Ej: Jack Russell, Bull Terrier

  4. Teckels (Dachshunds) – Solo Dachshund en sus variantes

  5. Spitz y tipo primitivo – Ej: Husky, Akita, Basenji

  6. Perros sabuesos y de rastro – Ej: Beagle, Bloodhound

  7. Perros de muestra – Ej: Braco Alemán, Setter

  8. Perros cobradores, levantadores y de agua – Ej: Golden Retriever, Labrador

  9. Perros de compañía – Ej: Pomerania, Pug, Bichón

  10. Lebreles – Ej: Galgo Afgano, Whippet

https://www.fci.be/es/nomenclature/
https://www.akc.org/
https://www.ukcdogs.com/
https://www.thekennelclub.org.uk/

✨ "La intención es lo que cuenta"… ¿en serio?

 

Desde que tengo memoria, esa frase me ha molestado.
"La intención es lo que cuenta", dicen, como si con solo desear hacer algo ya fuera suficiente.
Pero para mí, no lo es, nunca lo ha sido.

Pensar en hacer algo no es hacerlo.
Querer ayudar y no hacerlo no cambia el hecho de que no ayudaste.
Tener buenas intenciones no borra el daño que causaste.
Y tampoco se puede premiar un gesto que nunca se concretó solo porque “hubo intención”.

Mi mente, como la de muchas personas autistas, entiende el mundo de forma directa, lógica, concreta.
Yo veo hechos, acciones y resultados.
Lo que haces, dices, lo que pasó, no lo que pensabas hacer, no lo que quisiste decir.
Porque eso vive solo adentro de tu cabeza y yo no puedo vivir en tu cabeza.

A veces, cuando alguien me dice que tenía la intención de ayudarme, pero al final no lo hizo…
yo no puedo simplemente decir gracias igual.
Porque la verdad es que no me ayudaste.
Y aunque no lo hayas hecho con maldad, el vacío sigue siendo vacío.

¿Eso me hace fría?
No.
Me hace honesta.

No es que no entienda que hay personas que quieren hacer el bien.
Pero yo no puedo valorar más lo que pensaste que lo que hiciste.
Porque en mi mundo, los actos valen más que las palabras.
Y el afecto se demuestra, no se promete.

Tal vez por eso me cuesta tanto algunas interacciones sociales.
Porque en este mundo parece que muchas veces se premia más la intención que la acción.
Y eso, simplemente, no tiene sentido para mí.

Para mí, la intención no basta.

martes, 27 de mayo de 2025

😂 Soy hiperempática, pero me río como una villana


Sí, soy esa.
La que llora viendo a un perrito abandonado.
La que carga culpas que no le tocan.
La que siente la tristeza ajena como si fuera suya.
La que se queda pensando en la cara que puso alguien cuando se sintió rechazado.

Hiperempática, sensible, emocional e intensa.
Esa soy yo.

Pero también soy la que se ríe con chistes oscuros, con humor negro, con cosas que parecen frías y crudas.
Y no, no es que no tenga corazón.
Es que lo tengo tan expuesto,
tan saturado,
tan al límite…
que a veces necesito un chiste afilado para respirar.

Mi risa no es burla.
Es escape.
Es válvula.
Es defensa.
Es mi forma de no romperme con tanto que siento.

Porque cuando todo te duele,
aprendés a reírte como podés.
Aunque parezca que no tenés alma.
Aunque otros no lo entiendan.

Mi humor es negro, sí.
Pero mi alma es roja, viva, y siente TODO.
Por eso, si alguna vez me escuchás reír de algo fuerte, no me juzgués.
Quizá esa risa es la única forma que tengo
de no llorar por dentro.

🌸Mi verdad me hizo libre, aunque no crea en milagros

 

Yo no creo en milagros.
Ni en mensajes divinos, ni en señales celestiales.
Pero sí creo en algo que tiene más poder que todo eso:
la verdad.

Durante años viví tratando de entender qué me pasaba.
Por qué me costaban cosas que a otros no.
Por qué mi cabeza iba tan rápido, o tan lento, o en una dirección distinta.
Por qué a veces parecía “demasiado” o “muy poco”.
Por qué me dolían cosas que nadie más notaba.

Viví años con culpa, con miedo, con frustración, intentando encajar en moldes donde no cabía.
Intentando fingir que estaba bien.
Cargando una ansiedad silenciosa.
Y una tristeza invisible.

Y entonces… supe la verdad:
soy autista.

No fue una revelación mágica.
No me lo dijo ningún dios.
Pero fue la verdad más sagrada de mi vida.

Porque cuando lo supe, algo dentro de mí se aflojó.
Se aflojó la culpa.
Se aflojó la autoexigencia.
Se aflojó la necesidad de fingir.

Y con eso, empecé a soltar.
Peso físico, peso emocional y peso mental.
La panza que se me inflamaba de estrés empezó a bajar.
La ansiedad constante se hizo más suave.
Y, por primera vez, sentí que estaba viviendo en mi propia piel.

No necesito creer en milagros.
Porque mi verdad me salvó.
Y hoy puedo decir que, aunque el mundo no sea empático,
yo ya no me debo explicaciones.
Me entiendo, me acepto y me abrazo.

Y eso, para mí…
vale más que cualquier cielo.

👞El día que no supe decir que los zapatos no me quedaban

Yo tenía 9 años. Iba a hacer la primera comunión y mi madrina me llevó a comprar zapatos. Recuerdo el color claro de la tienda, la luz blanca, el olor a zapatos nuevos. Me probé un par que me quedaban ajustados, que me incomodaban… pero no dije nada.

En mi cabeza, si decía que no me quedaban, tal vez mi madrina se enojaría, o no me compraría nada, o pensaría que era malagradecida. Así que dije que sí, que esos estaban bien, aunque no lo estuvieran.

Caminar con algo que no te queda es incómodo, duele, y lo más duro es que nadie se da cuenta. Así pasé mucho tiempo en la vida: con cosas que no me quedaban, con silencios que hablaban más que yo, con miedos que no sabía cómo explicar.

Hoy entiendo que eso también es parte del autismo. No es que no pudiera hablar, es que no sabía cómo hacerlo sin sentir que algo malo pasaría. No entendía cómo funcionaban las reglas sociales no dichas, las emociones de los demás, las mías propias. Yo creía que estar bien era no molestar.

Ahora sé que puedo decir que algo no me queda. Que tengo derecho a expresar lo que me incomoda, a decir que algo me duele o simplemente no me gusta. El autismo no se cura, pero yo he aprendido a acomodar mis ideas, a entender mejor cómo funciona la gente... y sobre todo, a entenderme mejor a mí.

Ese día con los zapatos fue uno de tantos. Pero hoy lo miro con ternura. Porque esa niña que fui, la que se quedó callada con los zapatos apretados, fue también la que me trajo hasta aquí.

jueves, 22 de mayo de 2025

🍌Banano pasado


Hoy me dio risa algo que pensé de repente.

¿Has visto las manchas que les salen a las personas cuando van envejeciendo? Esas que llaman “manchas de edad”. Bueno, me acordé de los bananos.


Sí, los bananos.

Cuando se van poniendo viejos, también se llenan de manchas.

Nos parecemos.

La diferencia es que el banano se pudre… y nosotros solo nos llenamos de historias.


Menos mal que nuestras manchitas no huelen.

¡Imaginate que además de parecer banano pasado, olamos como uno!

Qué terror. Sobre todo para alguien como yo, que ni siquiera le gustan los bananos.


Supongo que esas marcas son como señales del tiempo.

Manchas que dicen: “estuve mucho al sol”, “reí fuerte”, “lloré sin pena”, “viví”.

Y si al final de todo nos parecemos a un banano... que al menos sea uno de esos que todavía sirven para hacer pan.

O para que alguien diga: “¡Qué bien te ves, aunque tengas manchitas!”

Y yo responderé: “Gracias. Estoy en mi etapa banano pasado.”

☁ ¿Qué es la distimia?


La distimia es como una tristeza bajita que se sienta a vivir con uno. No duele tanto como una depresión fuerte, pero está ahí todos los días, haciendo que la vida se sienta más gris, más lenta, más pesada. No se va con dormir bien o con salir a caminar. A veces ni uno se da cuenta que la tiene, porque se acostumbra a sentirse así: cansado sin razón, apagado, sin ganas de hablar mucho, con la sonrisa un poco gastada. No es drama, no es pereza, no es flojera emocional. Es real, es una forma silenciosa de vivir en lucha con uno mismo.

Esta tristeza a veces pesa tanto que sentís que te ahogás, que ya no podés más. Tus ojos se inundan de lágrimas sin que te des cuenta. Luego te bañás, te dormís, y al otro día pensás que ya se fue… pero sigue ahí, como una sombra silenciosa.